El comentario de hoy, martes 13 de julio 2021
Cada día se hace más necesaria la creación de algún organismo de la sociedad civil, que verifique o al menos se convierta en freno, de los excesos legislativos. Una especie de Observatorio Ciudadano que lleve un puntual seguimiento de nuestra flamante representación popular, en donde privan el dispendio, la ineficiencia y la opacidad. Lo anterior, ante la difusión periodística que, en menos de tres años de gestión, la Sexagésima Cuarta Legislatura del Estado, nos ha costado a los oaxaqueños más de dos mil millones de pesos.
Sin rendir cuentas a nadie, diputados y diputadas se despachan con la cuchara grande. Tienen la facultad de validar recortes presupuestales en áreas importantes como Salud, programas sociales, protección civil o en organismos autónomos. Pero que no les afecte las constantes ampliaciones a su presupuesto, las cuales se auto-asignan, con un cinismo impresionante. Para la bancada mayoritaria del Movimiento de Regeneración Nacional –Morena-, la política de austeridad republicana, se puede aplicar –como dice el dicho vulgar- en “los bueyes de mi compadre, no en los míos”.
Enajenados con el discurso presidencial de decir no a los gastos excesivos, a su arribo al edificio de San Raymundo Jalpan, en septiembre de 2018, un grupo de diputadas se rasgó las vestiduras para abanderar una supuesta austeridad. No a las remodelaciones de oficinas, a los boletos aéreos, al pago de teléfonos celulares. Pero fue sólo una llamarada de petate. Luego de que vieron el jugoso pago por evento, que son millones adicionales que pasan por debajo de la mesa, se olvidaron de su fallida política de ahorros, economías y austeridad.
Demagogia pura, frente a calficaciones duras como las que les ha impuesto el Instituto Mexicano de la Competitividad –el IMCO- quien ha calificado a nuestra legislatura como una de las más onerosas e improductivas a nivel nacional. Contrario a lo que pregona el presidente de México de que no puede haber gobierno rico y pueblo pobre, aquí sus leales y seguidores lo han interpretado justamente a revés: Congreso rico, que derrocha y despilfarra a placer, frente a cientos de comunidades empobrecidas, que aparecen en el directorio nacional como pueblos en pobreza extrema. Lo más grave de ello es que ni leyes, ni iniciativas, ni puntos de acuerdo o reformas. La prioridad es el bolsillo, el pago por debajo de la mesa, el soborno y el conflicto de interés, en su relación con el Poder Ejecutivo. ¿No es tiempo ya de parar estos excesos, desde la sociedad civil? Es una pregunta. (JPA)

